Foto prensa AMIA

Por Rabino Daniel Oppenheimer

El día de la asignación de los recursos (vida=tiempo, salud, inteligencia, dones y habilidades, tranquilidad, simpatía, bienes materiales) con los cuales el ser humano deberá desempeñar sus funciones en el año entrante (Mezonatav shel Adam ketuvim lo miRosh HaShaná ad Rosh HaShaná).
¿Por qué precisamente en este día? Pues es el aniversario de la creación del mundo, según unos o de la creación del hombre, según otros.
¿Qué rezamos? Maljuiot (coronación), Zijronot (memorias), Shofarot (liberación).
MALJUIOT. Coronar al Todopoderoso mediante nuestro reconocimiento absoluto y nuestro cumplimiento de Sus leyes. Pedimos los recursos que creemos necesarios para nuestro proyecto de vida y expresamos nuestra aspiración de que pronto se Lo reconozca universalmente (Alenu LeShabeaj).
ZIJRONOT. Memorias de lo que nos aconteció en el último año. Un balance de los activos y de los pasivos. Cómo aprovechamos los recursos (vida, salud, etc.) que ya recibimos hasta hoy. El ser humano elige las cosas que desea recordar. Las que le son importantes. “Me olvidé” no es excusa. Los “bytes” del cerebro son limitados. Si recuerdo las agresiones de las cuales fui víctima y no las que cometí, es por falta de voluntad o por una escala de valores equivocada.
SHOFAROT. Liberación (tal como el sonido del Shofar de Iom Kipur liberaba a los esclavos y redimía los campos para sus antiguos dueños cada 50 años) de nuestro pasado. El “yo soy así” no debe encadenarme para el futuro impidiéndome la enmienda. En todo caso “fui así”. Ahora soy otra persona. Puedo volver a comenzar mi vida con un nuevo proyecto.

El Shofar
La ley estipula que la obligación es escuchar (LiShmoa), prestarle atención a la voz (Kol) -que es más profunda que lo hablado- del “Shofar” la mejoría (LeHishtaper = mejorar). Un cuerno de la naturaleza, de un carnero (nos está llamando D”s) y no una tromp ula que la obligación es escuchar (LiShmoa), prestarle atención a la voz (Kol) -que es más profunda que lo hablado- del “Shofar” la mejoría (LeHishtaper = mejorar). Un cuerno de la naturaleza, de un carnero (nos está llamando D”s) y no una trompeta (Jatzotzrá)con la cual nosotros lo llamamos a El. “BeJatzotzrot veKol shofar haríu lifne HaMelej HaShem” (Salmos). La situación ideal se produce cuando existe el diálogo entre nosotros y El, mediante trompetas y el shofar. El shofar debe ser encorvado – para mostrar que somos sumisos ante D”s.
Los sonidos son:
Tekiá (takúa = fijo), Shevarim (trozos), Teruá (raúa = quebrado). Para convocar a un sitio se llama con la Tekiá. Para movilizar al pueblo en el desierto se suena una Teruá. El Shofar nos sacude, nos moviliza de una situación estática hacia el crecimiento.

El Shofar también marca el tiempo. Pasó otro año. Como el reloj que nos llama la atención cada vez que pasó una hora.

LLANTO DE ALEGRÍA Y ESPERANZA
El Sr. Eitan tenía un comercio mayorista de frutas y verduras en el norte de Israel. Diariamente sus camionetas salían a repartir a instituciones y a minoristas por el Galil. Cuando su hijo Iair cumplió 18 años, comenzó a trabajar con el padre. Dentro del recorrido de Iair, le tocó entregar mercadería en la Ieshivá Lev vaNefesh, una institución que se dedica a esclarecer a jóvenes interesados en profundizar sus conocimientos de Torá. Hasta aquel momento, el Sr. Eitan se había preocupado de “resguardar” a su hijo para que desconociera lo que es la Torá y no llegara entrar en contacto con personas observantes. A Iair le intrigó la forma de vestir de los jóvenes y se acercó a fin de inquirir acerca del por qué de sus Kipot y los Tzitzit que llevaban colgando. Ya a la altura de su tercera entrega de mercadería, Iair pidió que le enseñaran algo de la Torá que estudiaban. No demoró mucho tiempo antes que el padre se enterara de lo que estaba sucediendo, pues la manera de actuar de Iair se había tornado un tanto más seria y contemplativa. Esto encendió la ira del padre en todo su furor. La consecuencia de la ofensa fue que Iair cambió su recorrido de distribución. No obstante, la llama estaba encendida y Iair siguió visitando a sus nuevos amigos periódicamente. Dada la oposición del padre que no quería aceptar bajo ningún concepto que su hijo estudiara sobre esta religión arcaica, Iair decidió por propia cuenta empaquetar sus cosas y viajar a Ierushalaim a una Ieshivá sin contarle a su padre acerca de su domicilio, para que no lo obligara a volver. Su padre insistió, lo encontró y lo obligó a volver a casa. Pero la cuestión no quedó allí. El Sr. Eitan le inició juicio al Rosh Ieshivá de Lev vaNefesh por “lavaje de cerebro” a su hijo.
El día del juicio la sala del tribunal estaba colmada. El abogado del Sr. Eitan hizo su exposición. Iair dio su testimonio en el sentido que nadie lo había incitado o persuadido a hacer nada en contra de su voluntad. Mientras se iban cumpliendo los procedimientos legales, el juez, un hombre mayor miraba intensamente al Sr. Eitan. Seguidamente el juez solicitó al Sr. Eitan que quería hacerle algunas preguntas. El Sr. Eitan, un poco sorprendido consintió.
“Dígame, Sr. Eitan, ¿es Usted oriundo de la ciudad de Pinsk?”
El Sr. Eitan asintió con la cabeza.
“Dígame, Sr. Eitan, ¿era su nombre antes de la guerra ‘Stark’?”
El Sr. Eitan asintió nuevamante con la cabeza, muy extrañado.
“Ah” – dijo el juez – “yo lo conozco muy bien a Ud. Ud. proviene de uno de los hogares más respetados de la ciudad de Pinsk. Su padre era una persona muy religiosa y su madre se dedicaba cotidianamente a hacer obras de bien para con los necesitados.” A esta altura la cara del Sr. Estaba pálida, pero no podía decir una sola palabra.
“Cuando Ud. era joven, Ud. decidió no seguir el camino de su padre y se rebeló en contra de todas sus enseñanzas. Cuando cumplió 18 años, Ud. solía fumar en público en Shabbat y esto le causó mucho dolor y vergüenza a su padre, quien, de la noche a la mañana, pasó de ser una persona cálida, alegre y emprendedora a tener la apariencia de un anciano. De su madre se decía que cuando encendía las velas de Shabbat los viernes, derramaba ríos de lágrimas.
Yo no soy una persona muy observante, pero sí, creo en D”s. Nunca entendí como D”s podría ignorar los rezos de una mujer tan virtuosa.
“Hoy fue contestada mi incógnita. Veo que su llanto no ha sido en vano. Hoy, después de medio siglo, su nieto ha vuelto al camino de sus antepasados.
“Sr. Eitan. Ud. ciertamente recordará que los amigos de su padre se le acercaron y le rogaron que, por la salud de su padre, Ud., al menos en público, no profanara el Shabbat. Sin embargo, Ud. respondió: ‘Soy mayor de edad y tomo mis propias decisiones. Vivo mi vida como yo plazco’. ¿Ahora Ud. tiene la temeridad de interponer una demanda, porque su hijo volvió a los caminos que Ud. abandonó?”
“La causa es nula”
(“More Shabbos Stories” de Rabbi Simón Finkelman – Mesorah Publications/Artscroll)
Esta semana celebramos Simjat Torá, una de las fiestas más alegres del calendario hebreo. En esta oportunidad, concluimos la lectura anual, volvemos a comenzar nuevamente el estudio de la Torá y bailamos con ella. ¿Qué siente uno al momento de alzar la Torá? La aspiración de que nunca desertemos la Torá, tanto nosotros, como nuestros hijos – ni la Torá nos abandone a nosotros. Sepamos, sinceramente, bailar con las emociones correctas y las intenciones indicadas. No se trata aquí de agitarse, empujar y gritar. Es más. No sé, siquiera, si la Torá está tan satisfecha como para querer tanto bailar conmigo… Sin embargo, puedo demostrarle públicamente que deseo estar cercano a ella y acatar lo que me indica. ¡Que en este nuevo año intento hacer un esfuerzo para no separarnos jamás!
Jag Sameaj

Fuente: Adjut informa N° 8.

Las opiniones expresadas en esta nota son de exclusividad del autor.

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