Foto Diario La Nación

Empieza un nuevo año. Una oportunidad de cerrar un capítulo y abrir uno nuevo. Una oportunidad de hacer balance.
Cada año, esperamos que el próximo nos depare algo mejor, que sea más dulce, más próspero, que traiga mejores noticias. Ponemos en ese punto y aparte una expectativa particular.


Sin embargo, todos los días empezamos un año nuevo. Todos los días despertamos a una nueva oportunidad. Parafraseando a otra fiesta diría ¿Qué hace esta noche distinta a las otras noches? En primer lugar, que nuestro año empieza antes de ir a dormir y no cuando despertamos; es un festejo que hacemos acompañados de quienes compartimos una forma de vida, el judaísmo, es un festejo comunitario. No sólo es un cambio de fecha, sino que es una propuesta a un balance de aquello vivido, a revisar y revisarnos, a conectar y contactar con nosotros y con los otros. Es un comenzar, eligiendo cómo seguir. Es haber hecho un recorrido de 360° y volver a comenzar eligiendo la vida.

Ubajarta bajaim. Elegir la vida. Elegir la vida cada año. Elegir la vida que quiero vivir.
Revisar y reconocer mis errores. Perdonar y ser perdonado. Perdonarme. Revisar mis promesas y anularlas, y tal vez volver a asumirlas. Hacer consiente. Darme cuenta. Poner sobre la mesa.

La mesa está servida. Están las velas, el vino, la jalá agulá, la manzana con la miel. Pronto, habrá una familia reunida, tal vez con algunos amigos. Y alrededor de la misma, todos los años se produce el encuentro. Un encuentro intergeneracional.

En estos encuentros vamos viendo nuestro proceso de envejecimiento. Porque envejecemos desde que nacemos, es un proceso natural. Y cada año allí nos encontramos; los más grandes y los más chicos. Los niños, los jóvenes, los adultos y los adultos mayores. Y esa mesa nos da una gran posibilidad de encuentro, de intercambio, de escucha. Una posibilidad de conexión. Si todos los que estamos somos participes de ese encuentro y no meros observadores, el intercambio produce aprendizaje. La soledad queda fuera de la casa, no está invitada a la fiesta.
Que este año nos encuentre conversando, escuchando, intercambiando. Que todos sean partícipes en esta mesa de Rosh Hashaná. Que todos puedan compartir sus pensamientos y que nadie se encuentre solo, aún rodeado de mucha gente.


Shaná Tová Umetuká

Por Lic. y Counselor Graciela Polonsky

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusividad del autor

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