La pandemia global del antisemitismo. Por Víctor Zajdenberg

Alvin Toffler en su visionario libro “LA TERCERA OLA” anticipó las revolucionarias bonanzas que las tecnologías digitales traerían a la humanidad, pero no pudo prever que las mismas servirían también para difundir las maldades y deformaciones que anidan en millones de seres hemipléjicos, tanto de ultraderecha como de extrema izquierda, que deambulan por el mundo. Pandemias naturales y contagiosas de distintos tipos existieron siempre: la peste negra, la bubónica, la malaria, la gripe asiática, el VIH, el cólera y ahora el Covid-19. Pero existe un tipo de Pandemia artificial creada por el hombre y no por la naturaleza que es el antisemitismo. Si bien el término “antisemitismo” fue creado por el antisemita Wilhelm Marr (Wikipedia) a mediados del siglo XIX con un sentido claramente racista, durante toda la Edad Media la denominación era la del antijudaísmo con una acepción directamente antirreligiosa. Actualmente en los escritos de Pierre-André Taguieff y de Gustavo Daniel Perednik el odio a los judíos aparece con el título de judeofobia, fenómeno milenario que abarca mucho más, pues además de la raza y la religión introduce la patología de la demonización de todo lo que sea judío, incluso la negación de la Shoah (Holocausto). El mencionado Gustavo Perednik destaca en uno de sus libros: “Las acusaciones contra los judíos son fundamentalmente contradictorias. Los nacionalistas los acusan de comunistas y los comunistas de capitalistas. Los que viven en la Diáspora tienen doble lealtad y si viven en el país judío son racistas. Cuando gastan su dinero son ostentosos pero si no lo gastan son avaros.”

Después de lo sucedido en la 2ª. Guerra Mundial con la destrucción del judaísmo europeo y luego de la gasificación e incineración industrial y sistemática de 6.000.000 de judíos de los cuales 1 millón y medio fueron niños, uno podría haber razonado que sería impensable vivir para comprobar que el antisemitismo no solo no ha muerto sino que sigue vivo entre nosotros, entre los vecinos del condominio o de la ciudad en la que habitamos. En una encuesta realizada en España en el año 2019, antes del “Corona”, 35% de la población admitió que no quisiera tener judíos a su lado. Y esta horrible enfermedad del antisemitismo, para la que parece no haber vacunas disponibles, se ha potenciado debido a las redes sociales que se transmiten globalmente por celulares y computadoras. Así como en su momento se publicó el “Libro Negro del Comunismo”, un compendio de todas las matanzas realizadas por los líderes de esta nefasta ideología, habría que escribir un “Libro Negro del Antisemitismo” denunciando las atrocidades y persecuciones milenarias que han sufrido y siguen sufriendo los judíos.

En este artículo revelaremos solo algunos pocos de los crecientes ataques antisemitas diarios que se producen en casi todos los países del mundo. Austria reconoce que en 2019 hubo más de 500 hechos antisemitas declarados. El Presidente de Túnez, Kais Saied, culpa a los judíos por el mal momento de su país. Roger Waters (Pink Floyd) le pidió a Stevie Wonder que no acepte el Premio Wolf de Israel. Las autoridades de Singapur lograron detener a un soldado musulmán que planeaba acuchillar judíos. La República Islámica de Irán muestra su poderío militar y vuelve a amenazar al Estado Judío con su destrucción. Israel frustra 3 atentados palestinos en un día. La policía de Francia abortó un atentado contra una escuela judía en Marsella. Daniel Jadue, candidato de origen palestino a la presidencia de Chile, festejó que se investigue a Israel “por crímenes de guerra”. En Polonia venden por internet velas con figuras antisemitas. Estudiantes y Profesores en los Estados Unidos fomentan el BDS (Boicot-Desinversión y Sanciones) a Israel. En Brasil un Pastor oró por otro Holocausto. Etc., etc., etc.

En el cierre de esta nota vale transmitir la profunda frase del joven escritor argentino de origen polaco Gustavo Sterczek que, en su valioso y valeroso libro “La estrella y la cruz”, dice: “Cada judío que existe hoy, es un verdadero milagro de supervivencia”. Muchas gracias amigo Gustavo.

Por Víctor Zajdenberg, colaborador de la Revista Virtual HASHAVUA de Bogotá, Colombia

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