Elucubraciones de “JudeA”: Nos estamos adecuando

Estimados iluminados lectores, les escribo tan apesadumbrado como en mis anteriores ocasiones por estar en cuarentena, si bien tengo que reconocer que con la Roiter a partir del momento en que tuvimos dos computadoras, además de los dos televisores conectados al servidor del cable, no tenemos ni un sí ni un no, todo lo contrario, hemos llegado a coincidir en más de una ocasión no solo en opiniones sino también en el zoom, la película o la serie que vamos a ver. En lo que diferimos es en nuestra visión respecto a la dirigencia comunitaria y a la observancia religiosa, pero gracias a D’s, por eso no discutimos sino que nos aceptamos mutuamente.

Voy a darles dos ejemplos. El primero es que a la Roiter las “rabinas” no le parecen mal, si bien ella no está de acuerdo con que las mujeres usen Talit y/o Tefilim, excepto que cuiden la Tearat Hamispaja, la pureza familiar, lo que para mí es un contrasentido, pues las que cuidan esa mitzva no usan ni Talit ni Tefilim, por lo menos eso es lo que creo.

El segundo ejemplo tiene que ver con la observancia de las mitzvot, la Roiter al igual que yo, y miles de judíos, cumplimos algunas y otras no, pero ella dice que debemos ser estrictos y aceptar solo las que están establecidas en el Shuljan Aruj, el código legal judío, mientras que yo considero que se pueden hacer adecuaciones.

Les explicó que considero adecuaciones. Todos sabemos, o deberíamos saberlo, que en Sucot tenemos que rezar, excepto en Shabat, utilizando los Arba Minim, las cuatro especies: el etrog, la palmera, el mirto y el sauce, los tres últimos unidos y el etrog separado, y que debemos vivir durante los siete días de la festividad en la Sucá, esa especie de cobertizo que tiene tres paredes y un techo, normalmente formado por ramas de eucaliptos y/o palmeras, que permita en un sector ver las estrellas, y que haga calor o frío, y hasta llueva debemos comer en la Suca luego de decir las bendiciones correspondientes.

También sabemos que los rabinos y los estudiosos de los textos judíos tradicionales normalmente utilizan en sus clases y/o alocuciones citas de la Torá, de textos proféticos, de la Mishná, de la Guemará o el Midrash.

Pero en los zoom de los brindis de Rosh Hashaná virtuales en los que participé, me sorprendieron los mensajes de los dirigentes políticos comunitarios que explicaban que en los días de Rosh Hashaná el Creador nos juzga e inscribe para el año que se inicia, en el “libro de la vida” si hicimos las cosas bien, y en el contrario si hicimos lo opuesto.

Normalmente en los brindis comunitarios, presenciales, esos temas eran desarrollados por los rabinos, mientras los dirigentes se dedicaban a exponer lo que habían hecho desde el brindis pasado y lo que proyectaban hacer hasta el próximo.

Si los dirigentes hacen ese tipo de adecuaciones por qué yo, un Jubilado del Abasto, no puedo hacer lo mismo. Creo que sí, y así lo vengo haciendo desde hace más de una década en lo que se refiere a la comida de los jaguim. A los clásicos platos que se sirven en esos días: guefilte fich, caldo con kneidelej, el pollo al horno con papas, y las diversas ensaladas yo les agrego un plezale con pastrón y con iguerke (pepino), y este año en la Suca virtual que construiré en el balcón del departamento, después de hacer kidush, decir la bendición del pan y de sentarme en la Sucá, me comeré un lindo plezale con unos 50 gramos de pastrón y 4 ó 5 rodajas de pepinos.

A la Roiter que me coma ese lindo plezele en las comidas de Shabat, cuando estamos solos no le molesta, que lo haga en un Iom Tov cundo tenemos invitados lo terminó aceptando, pues le coloca uno a cada comensal, y la verdad es que la mayoría se los comen, pero cuando le dije que este año lo haría en la Suca puso el grito en el cielo y me dijo que lo que iba a hacer es una falta de respeto a la festividad, y pese a que yo le explique que lo que haré no tiene nada de malo, porque no elimino sino que adecuo la comida tradicional, de la misma manera en que algunos dirigentes adecuaron sus mensajes en los brindis comunitarios, ya que los embellecieron utilizando relatos de los Midrashim o citas talmúdicas.

Hace unos meses escuchamos, la Roiter y yo, en un zoom, a alguien decir que para Iom Kipur quería que la predica la diera un rabino, y ambos estuvimos en un todo de acuerdo, por otro lado cuando quiero entender algún texto de la Torá, recurro a los comentarios que están en el volumen que yo leo, y si sigo sin entenderlo, como no tengo un profesor o rabino busco si en internet hay alguna explicación, cuidándome de no leer las de los mesiánicos y si la duda persiste me comunicarme con un docto para que me lo explique. De la misma manera procedo para averiguar que ocurre en nuestra comunidad: llamó a uno que sabe lo que yo desconozco, un dirigente, para que me lo cuente.

Añoro la época que los dirigentes hablaban de los que habían hecho o pensaban hacer, mientras que los rabinos nos explicaban la Torá.

Añoro la época en que los dirigentes hablaban de los que habían hecho o pensaban hacer, mientras que los rabinos nos explicaban la Torá. Hoy es evidente que la pandemia y la cuarentena están modificando nuestras costumbres, y que a la nueva realidad que estamos viviendo nos estamos adecuando

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