Si podríamos realizar un salto de ida y vuelta en el tiempo desde 1948 a 2023, año en el que se cumplirá el 75 aniversario de la constitución del Estado de Israel, podríamos vivenciar lo producido como un terremoto geopolítico de una magnitud inesperada. En 1948 el recién establecido Estado Judío en Palestina era apenas un pequeño territorio vulnerable, integrado por apenas 600.000 judíos dedicados a una producción agrícola, artesanal y de pequeños negocios. En 2023 Israel será habitado, casi con seguridad, por 10 millones de habitantes, habiéndose convertido en un país emprendedor y productor de alta tecnología y un PBI per cápita superior a los u$s 55.000.- actuales con reservas por más de 300 mil millones de dólares.

Contexto regional

Sin entrar en el desarrollo histórico y estratégico del concepto más arriba mencionado podríamos dividir la actual estructura de la región medio oriental en una “media luna chiita” al norte de Israel (Irán-Irak-Siria-Líbano) y una “media luna sunita” al sur (Egipto-Arabia Saudita-Jordania-Emiratos-Marruecos) que incluye, con los “Acuerdos de Abraham”, al Estado Judío de Israel. A ésta interesante y peculiar característica agregaremos nuevos elementos que conforman un cambio regional de envergadura fundamental.

Qatar es un Emirato que juega políticamente en varios frentes: con países antagónicos como Irán-Estados Unidos-la Unión Europea y Turquía; la Organización terrorista Hamas; la Autoridad Nacional Palestina y por necesidad con el Estado de Israel. El Jeque de dicho Emirato, Haman Al Suwaidi, posado frente a la réplica del trofeo del próximo Mundial de Futbol que se habrá de realizar en su territorio, acaba de pedir la normalización con el Estado Judío diciendo que “los israelíes deberían sentirse bienvenidos en Qatar” y agregando que “tiene deseos de visitar Tel Aviv”.

Marruecos, que ya posee numerosos lazos con Israel, ha decidido aceptar reclamos de propiedades pertenecientes a judíos que fueron expulsados en 1948.

Arabia Saudita se está seriamente encaminando al establecimiento de relaciones diplomáticas con el Estado de Israel permitiéndole el sobrevuelo de sus cielos por aviones comerciales y aeronaves militares. Adicionalmente las autoridades sauditas emprendieron un lento cambio cultural y mediático de su población y del mundo musulmán sunita en la percepción de los judíos en particular y los israelíes en especial que supuestamente ha de conducir a la aceptación de los vínculos que ya se vienen gestando desde hace un tiempo.

Sudán sería otro de los países árabes sunitas con vocación de estrechar lazos formales con el Estado judío.

Más lejos se encuentra Paquistán cuyos gobernantes han manifestado indirectamente una especie de envidia y vocación oculta por las relaciones diplomáticas, comerciales, militares y tecnológicas que su conflictivo vecino, la India, posee con Israel.

En Irak, luego de 1 año sin poder designar a sus autoridades debido a los enfrentamientos internos entre los chiitas pro Irán, los sunitas contrarios a la injerencia iraní y los autónomos kurdos ha resuelto el dilema nombrando Presidente del sufrido país a un político kurdo, Abdelatif Rashid, quién tendrá la difícil doble misión de contener a Irán por un lado y frenar al terrorismo islamista (Al Qaeda y Estado Islámico) por el otro costado. Llegado a este párrafo cabe recordar que el Kurdistán, en sus diversas zonas autónomas, mantiene conexiones y vínculos considerables con el Estado de Israel.

Finalmente, el reciente “Acuerdo Marítimo-Gasífero” entre Israel y el Líbano, con el insólito y rarísimo silencio de Hezbollah, se perfila dentro del marco enunciado en el título de esta nota como un hecho trascendental, el que será analizado e interpretado en una próxima crónica.

Nota publicada en la Revista Hashavúa de Bogotá, Colombia.

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