El 13 de marzo de 1931 comienza a editarse la Revista LA LUZ, y a lo largo de estas nueve décadas, en sus páginas hasta hace unos años, y en su actual versión digital las notas, artículos y opiniones publicadas son documentos del acervo cultural judío contemporáneo.
En homenaje a quienes has sido sus responsables hasta que la actual conducción asumió la responsabilidad de editarla reproducimos un trabajo escrito por Ariel Elnecavé, bisnieto del fundador de la publicación.

La Familia Elnecavé y la Revista «La Luz»:
Hay indicios de la familia Elnecavé en la España del siglo 13, pero uno de los más famosos y conocidos vivió en el siglo XIV. Rabí Israel Ben Yosef Elnecavé “Hakadosh”, rabino de la ciudad de Toledo y autor del “Menorat Hamaor”. Fue muerto durante los pogroms de 1391 “Al Kidush Hashem” por no aceptar renunciar  a su fe.
Su hijo también rabino y eminente médico, considerado precursor de la gerontología, huyó al norte de Africa y se instaló en Tlemcen. Se trató de Rabí Efraim Elnecavé, apodado “El Rab”.  
Mi bisabuelo, Don David Elnecavé, nació en Estambul, Turquía en 1882 y falleció en 1963. Fundó en 1909 el primer periódico sefaradí sionista “El Djudió”. Corriendo el peligro de ser ejecutado por sus ideas sionistas tuvo que exiliarse en Bulgaria, donde publicó “El Djudió” hasta fines de la década del ´20. 
El 13 de marzo de 1931 funda “La Luz” en Buenos Aires siendo sus principales objetivos hacer conocer los valores morales, espirituales e históricos del judaísmo, las ideas sionistas de redención en Erets Israel; la unión de las colectividades ashquenazíes y sefaradíes; la difusión de los valores históricos y nacionales de la república Argentina; la difusión de hechos y noticias de todo el mundo judío; la confraternidad entre todos los credos y todos los pueblos del mundo. En el ámbito comunitario, entre otras cosas, “La Luz” se empeña en señalar los errores institucionales, con el único propósito de velar por el interés público.
Paralelamente, en la década del ’40, Don David Elnecavé fue embajador itinerante de la Universidad Hebrea de Jerusalem, llevando su verbo entusiasta a través de conferencias que dictó en las principales universidades de Latinoamérica para que se conociera la cultura de Israel.
Publicó varios trabajos y libros y en 1955 cedió la dirección de “La Luz” a su hijo Nissim Elnecavé Z”L.
Nissim, mi abuelo, nació en Estambul en 1910, se casó con Bruria en 1935, vivieron en Eretz Israel en un kibuts y en 1939 se radicaron en la Argentina. Estudioso de las ciencias, sus teoremas matemáticos fueron publicados en la revista científica de Bulgaria y además fue dilecto alumno del célebre astronomo Camille Flamarion. Erudito en arqueología del Medio Oriente escribió varias obras de divulgación científica e histórica. En 1947 fue co-fundador y primer director del “Nueva Sión”.
Dirigió “La Luz” desde 1955 hasta 1982, año en que le delegó la dirección a mi padre, David. Llevó a la publicación a un inusual grado de eficiencia dejando sentados modelos de agudeza y penetración periodística, destacándose además como corresponsal en América Latina del “Jewish Chronicle” de Londres. Falleció en 1986.    
Quiero manifestar el orgullo espiritual e intelectual que me embarga por el hecho de constituir la cuarta generación consecutiva de una digna familia de intelectuales y periodistas.
Esta línea es de la Continuidad cuyas bases consisten en la educación que se mama en el hogar. Cuando esto sucede –cosa que se invoca diariamente en las oraciones- no es necesario esperar la desaparición de un familiar para poder heredar, y esto sabemos que generalmente es motivo de agrias disputas familiares porque se trata sólo de herencias materiales. Las verdaderas herencias espirituales se legan en vida, tal como sucedió en nuestra familia: mi bisabuelo en vida le cedió la dirección de “La Luz” a mi abuelo y éste hizo lo mismo con mi padre. Tradición moral que ha dado vida renovada a nuestro pueblo durante más de cinco milenios. 

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