Elucubraciones de “JudeA”: Hechos que no trascienden

Estimados iluminados lectores, era mi intención dedicarme al tema de las próximas elecciones en Eretz Israel, pero ante una situación que me ha tocado vivir considero que no puedo dejar de comentárselas: la existencia de hechos comunitarios que no trascienden.

Desde que la Roite regresó de Miami ha estado de pésimo humor, debido a que el cierre del aeropuerto Ben Gurion, ya que su intención de que viajáramos para poder votar el 23 de marzo no se puede concretar.

Personalmente no me opuse a su alocada idea de ir a votar por dos motivos: el primero para no discutir con mi media naranja, y el segundo que el agente de viajes que nos atiende desde hace más de una década le dijo que por el momento no existía la posibilidad de viajar, así que para que se lo iba a decir yo.

Pero además de despotricar contra Lapid, Gideon Sa’ar y todos los que se oponen a Biby, como venía haciéndolo desde hace un par de meses, también comenzó a hacerlo respecto al ministro de Salud, Edelstein, y eso sí que es una novedad digna de destacar, a mi manera de ver, pues es un miembro del Likud.

Don Roberto, quien fuera el socio de mi finado suegro, el viernes 26 de febrero, el día en que este año fue Purim, cumplió sus primeros 80 años, y su mujer y sus hijos le organizaron una merienda en Parque Lezama, en la esquina de Brasil y Paseo Colón a las seis de la tarde, y la Roite decidió que no podíamos faltar.

Yo opinaba lo mismo, debido a que gracias a su manera de analizar lo que podía pasar con el dólar “uno a uno” del ministro Cavallo le aconsejo a mi suegro, a fines de los ’90, que vendiera todos los locales que alquilaba en una de las varias galerías que había construido, y todo lo obtenido lo convirtiera en dólares. Mi suegro siguió su consejo, y cuatro o cinco años después volvió a construir, ahora garajes y un par de centros comerciales barriales, gracias a los cuales hoy podemos vivir holgadamente.

En el cumpleaños, atendido por un par de señoritas muy agraciadas, nos encontramos con varias parejas de nuestra edad, que no nos veíamos desde hacía varios años, entre ellas a “los cumbreños”, Jacobo y Jana, un matrimonio que habíamos conocido hacía más de 30 años durante unas vacaciones en La Cumbre, y nos visitábamos regularmente hasta que se radicaron en Vancouver, a mediados del 2015.

Luego de estar algo más de una hora y media, y cuando ya me estaba aburriendo, Jacobo nos invitó a tomar una cerveza en Herminio, un lugar cercano para poder charlar tranquilos.

Caminamos cuatro cuadras y nos sentamos en la vereda, y mientras la Roite y Jana hablaban de nietos y sobrinos nietos, Jacobo me contó que habían regresado a fines de enero para solucionar unos temas económicos financieros con sus hermanos, y decidieron quedarse un par de años en Buenos Aires, por lo que recuperó un departamento que tenía alquilado en San Telmo, en frente a la sede del Club, aunque por el momento la mayor parte del mes estaban viviendo en la ciudad de Córdoba.

De pronto la Roite se entrometió en nuestra conversación y me dijo: escuchá lo que le paso a Jana antes de viajar a Buenos Aires, a lo que Jacobo le dijo no fue nada grave, pero Jana sostuvo que se había asustado bastante.

Según nos dijo había estado caminando, no entendí bien si a media mañana o a la tarde del miércoles 24 de febrero por la avenida Maipú de la ciudad de Córdoba, y cuando estaba a dos cuadras de la avenida Sarmiento sintió una fuerte explosión, la policía cordobesa había detonado un objeto que alguien había dejado en las cercanías de la comunidad sefaradí, que ahora casi no tiene actividad.

Yo la verdad no sabía nada pese a que leo todo lo que se publica sobre incidentes antisemitas, y Jacobo sostuvo que una emisora cordobesa lo informó e hizo algún comentario fuera de lugar, y que no encontró que en ninguno de los medios gráficos se publicara, a diferencia de lo que pasó con los vacunados VIP, entre los que figuraba el rabino del Centro Unión Israelita.

La Roite acotó que algo similar pasó con el matrimonio religioso agredido en La Cumbre, a lo que Jana nos dijo que según comentarios que circularon en Córdoba no había sido un incidente antisemita sino policial.

La verdad es que quedé bastante preocupado por lo que contaron, en especial que no haya trascendido la información de la detonación, por lo que al concluir Shabat llamé a uno de mis conocidos dirigentes, a quien le pregunte que sabía sobre lo ocurrido en Córdoba, y sorpresivamente me contestó que estaba al tanto o que no sabía nada, sino que no debía preocuparme por rumores, así que llamé a otro conocido, cordobés él, y me confirmó lo de la detonación en las cercanías de una institución judía, como también que el hecho casi no trascendió.

Luego de esa charla comencé a preguntarme dos cosas, que por el momento no he podido responderme satisfactoriamente. La primera, porqué algunos no consideran una agresión antisemita que a un judío le digan que es un “judío de .…….” (Iluminados lectores agréguele el o los adjetivos más descalificativos que se le ocurra) y también porqué en el boletín diario de la DAIA de los días siguientes no se informó lo que ocurrió en las cercanías de una institución judía del interior del país, que aparentemente alguien se olvidó un objeto que por precaución fue detonado por la policía del lugar.

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