Shockeada aún por el atentado ocurrido en Viena escribo estas líneas. Nada hace pensar que todas las balas al azar que han salido de las armas disparadas iban solamente dedicadas a los judíos, pero casualmente, el atentado se produjo en el barrio judío.
Curiosamente también hubo un comunicado interno de la Comunidad, en el cual se les solicitó a todos los judíos que durante 24 horas no salieran de sus casas y se suspendieran las actividades por el peligro, pero sólo se circunscribió a esta Comunidad. Será tal vez, que como estamos acostumbrados ya estamos organizados.
Los actos terroristas aparecen y cuando de ellos escuchamos, lo primero que buscamos es dónde fue, quién lo hizo, cuáles fueron las “famosas palabras” que dijeron aquellos que lo perpetraron, esperando y sabiendo que seguramente y lamentablemente estaremos, de una manera u otra, involucrados.
Atentados con armas, esvásticas pintadas, insultos, agravios, golpes, gritos desde el auto, seguridad en las escuelas, los actos y los Templos.
Pedidos de quitarnos la kipá que me hielan la sangre, me ponen los pelos de punta y me transportan con todos mis sentidos a otros tiempos y también me traen aquí y ahora, a este presente que me recuerda que somos distintos y que no lo niego; de hecho, todos y cada uno de nosotros somos distintos, pero que pareciera que para serlo hay que pagar un derecho que ya estamos acostumbrados a pagar.
Y me pregunto, y te pregunto: ¿Podrá existir un mundo sin discriminación? ¿Seremos capaces de amar al prójimo como a nosotros mismos? ¿Podremos salir sin máscaras y mostrarnos y aceptar a los otros también? ¿Podremos vivir en paz y libertad?
Desnaturalicemos lo naturalizado, merecemos vivir libremente con la kipá en la cabeza, el Maguen David colgado y el Sidur debajo del brazo, entrado a una escuela judía, a un Templo o paseando por el barrio judío de cualquier ciudad del mundo.

Lic. y Counselor Graciela Polonsky

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