Educación judía: el arte de contar historias

Desde el inicio, la historia nos llega a través de la palabra, primero oral y luego escrita. La palabra organizada, en un entorno auténtico de comunicación, donde el hilado de las mismas genera relatos significativos.


Cuentos que no son cuentos, historias que son historia; que llegan desde lejos, transmitidas de generación en generación, que hacen foco en los valores.


Historias que tiene el valor agregado de tener valor, de basarse en valores, de enfocarse ahí donde dejan un aprendizaje, un lugar para pensar y repensar, para preguntarse y repreguntar.
Historias en las cuáles la pregunta tiene tanto valor o más que la respuesta.


Cuando contamos historias, cuando contamos la historia, hacemos una selección: cual objetivo de una cámara de fotos hacemos foco en la idea importante que queremos transmitir y no en un listado de temas, elegimos qué queremos contar y qué dejamos afuera.


Generamos fascinación por las historias que contamos cuando nuestro relato genera un sentido, cuando podemos proponer un clima que nutra ese momento.


Construir el relato de aquello que queremos transmitir no es hilar palabras vacías, es participar y convocar al otro a participar de un viaje transformador, que tenga sentido, que te cobije.


Los relatos que elegimos contar no son inocentes y es importante tener conciencia que determinan comportamientos y que influyen en resultados. Nuestros relatos pueden cambiar la realidad.
Cuando educamos utilizamos los relatos y contamos historias y tratamos de basarlas en los valores. Podemos verlo al contar la salida de Egipto, hablamos del valor de la libertad. En Sucot juntamos los arbaat haminim para hablar de la unión de las cuatro especies y así cada vez…


Hablamos de valores, nuestro relato no es inocente. Contamos historias y atrapamos la atención y a través de la atención educamos en valores.


Hacemos foco… dejamos algo afuera y ponemos dentro aquello que venimos transmitiendo de generación en generación; aquello que comenzaron nuestros antepasados, en los más diversos y a veces hostiles ambientes. Somos de una cadena; un eslabón que cree en el valor de la pertenencia, de la experiencia y la vivencia de nuestros antepasados y nuestra historia.


Seguimos haciendo foco.
Respetando nuestro pasado
Construyendo nuestro presente
Hilado por historias que verán un futuro.

Lic. Y Clor. Graciela Polonsky

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