1994 – 18 de julio – 2019: JUDEA no se calla, dice lo que siente

Iluminados lectores, han transcurrido 25 años del nefasto momento en que un ataque terrorista destruyó el edificio comunitario ubicado en Pasteur 633, causando 85 víctimas fatales, unos 300 heridos y daños psíquicos a incalculables miles de personas que debieron sobrevivir a lo ocurrido: desde los familiares y amigos de los fallecidos hasta los vecinos, los dirigentes de las instituciones centrales comunitarias y de las que funcionaban en el edificio siniestrado, y los simples habitantes de la ciudad y sus alrededores, entre los que este Jubilado de Abasto se encuentra.
A lo largo de estos 25 años hemos escuchado promesas y afirmaciones de todo tipo, tanto efectuadas por miembros de diversos ámbitos: del poder, de la justicia, de la dirigencia de la comunidad judía, y hasta representantes del Estado de Israel.
Pero podemos afirmar, y este Jubilado de Abasto no tiene empacho en hacerlo, que todo lo dicho y prometido han sido intenciones, en algunos casos buenas y en otras malas.
Dentro de pocos días, al conmemorarse otro aniversario del atentado que destruyó el edificio de Pasteur 633, nuevamente funcionarios gubernamentales afirmarán su compromiso con el reclamo de justicia, al igual que lo vienen haciendo año a año desde el 18 de julio de 1994.
Los familiares y amigos de las víctimas expresarán su dolor y su bronca mediante discursos o mensajes dirigidos a toda la sociedad, al igual que algunas figuras nacionales y se desarrollarán acciones para mantener viva y vigente, en la sociedad nacional, el recuerdo de un ataque a todo el país vehiculizado en la comunidad judía.
No tengo dudas que tanto los discursos, los mensajes y las acciones están muy bien elaborados, y que lograrán su objetivo, que la fecha no quede en el olvido.
Pero creo que quienes, como yo, hemos estado relacionados en cierta manera con el atentado, también somos parte de esta tragedia no esclarecida, y deberíamos expresar lo que sentimos.
Teniendo en cuenta lo antedicho, voy a expresar algunas consideraciones sobre lo que viví estos últimos 25 años. Deseo dejar bien aclarado que no es mi intención reemplazar el testimonio de los sobrevivientes directos, ni de quienes a lo largo de varios días colaboraron en el rescate de sobrevivientes y ubicación de fallecidos, ni tampoco ocupar el lugar de un familiar o amigo de algunos de las 85 víctimas, no porque no sea amigo de víctimas fatales sino porque nunca me integré a las agrupaciones que los nuclean.
Si bien reconozco que cada agrupación o núcleo de familiares y amigos tienen enfoques divergentes sobre la investigación, el juicio, la actuación de la dirigencia comunitaria, etc., etc., por un lado me resulta imposible asistir a todos, lo que les debe ocurrir también a otras personas, mientras que por otro, siento que deberíamos estar todos unidos en el reclamo de verdad y justicia.
Percibo que la asistencia de políticos, sin distinguir si son oficialistas u opositores, al acto central comunitario tiene más que ver con los reportajes que les efectúan cuando se retiran que con el reclamo de verdad y justicia.
Quienes año a año asistimos al Acto Central conmemorativo notamos, con pesar, que la cantidad de asistentes disminuye. Las explicaciones son muchas, y seguramente valederas, pero la realidad es una sola: cada año es más evidente que el castigo a los ejecutores del atentado y a quienes lo planificaron no se logrará, generando que quienes habitualmente concurrían se pregunten “¿Tiene sentido asistir?” y muchos decidan no hacerlo. Mientras tanto el acto de la juventud, que se efectúa la noche anterior al Acto Central, continúa manteniendo su caudal de asistentes. Habrá llegado la hora de modificar la estructura del Acto Central Conmemorativo, centrándolo en el reclamo de verdad y justicia? 
Desde el primer momento se manifestó que el ataque terrorista había destruido el edificio de la AMIA, donde también tenían su sede otras instituciones como el Instituto Científico IWO, la DAIA, la Fundación Tzedaká hasta unos días antes, el Vaad Hajinuj y el Vaad Hakehilot; dejémonos de intentar que se lo denomine “Atentado al edificio de AMIA y DAIA”, y enfoquémonos en lograr que toda la sociedad argentina comprenda que el atentado fue un ataque a la Argentina.
Transcurridos 25 años estoy convencido de que no podremos saber mucho más de lo que ya sabemos, y que los autores intelectuales y materiales seguirán sin recibir el castigo que les corresponde, por más que se apruebe y se aplique el “Juicio en Ausencia”, mientras nosotros acá seguimos reclamando verdad y justicia.

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